2 de septiembre de 2005

Elogio de la Hamaca (al club de Progreso 207-piso 2-varios deptos)

Pensar significa alejarse, no de la cotidianidad, no del día a día, sino de las interpretaciones corrientes, de lo ordinario. Y pensar es dejar la productividad mercenaria de costado, como a un perro que no le queda más que aquietarse ante la mirada definitiva de su dueño. Los lebreles asientan su furia cuando la presa se detiene en lo alto de un árbol y los mira con piedad. Ya lo decía Nietzsche, “Las razas laboriosas encuentran una gran molestia en soportar la ociosidad.” ¡Qué poco talante de los hombres para encontrar en la holgazanería una saciedad irresistible!

La inmovilidad-móvil de una hamaca es el terreno fértil del mejor pensamiento, como lo es, también, el lecho. Proust encontró en la cama el perfecto espacio para desentrañar, desde ahí, la condición humana. Se aspira a ausentarse del mundo para mejor conocerlo, para replegarse entre el vaivén sin temor a desplomarse hacia uno mismo. La pasión más poderosa será siempre la pasión de la pereza (Beckett dixit). No hay afrenta en el ocio, hay despertar a otro tipo de mirada. Ser un holgazán permite ampliar los contornos de la realidad, permite interpretar los avatares de los problemas corrientes y restregarlos ante la impasible actitud del desprecio por los excesos de la actividad productiva. El ocio es la zona libre del pensamiento.

No hay que negarlo: todo hombre es, o confía llegar a ser, un holgazán. ¿Cuántos días no se pasan en la inopia, en la ausencia? Las sociedades actuales están arrebatadas por los excesos: ruido, movimiento, aceleración. Los horarios de oficina extreman la pulsión de estar “ocupados”, obtener dinero a costa de lo que sea (aún a costa de ciertos momentos de recuperación y de sabio carácter festivo y laxo) u obtener una figura deseada por los otros (con sus respectivas horas invertidas de sudoraciones innecesarias y circenses posiciones) son males que obligan a la actividad. El exceso de movimiento no aquieta los temores, ni las iras. Ante la actividad hay que guardar un gesto de perspicacia. Ni tres horas en un gimnasio serenan un espíritu conmocionado. En cambio, el holgazán acepta, y asume, su ser. Un ser que asume sus debilidades y miserias. Un despreocupado que atiende sólo necesidades apremiantes: la rareza de pensar y el hábito gustoso de la languidez.

Para aquellos que opinen que la productividad es un bien mayor y que dignifica a las personas, arremeto con las profundas, y lapidarias, palabras de Pound: “La miseria humana es más estable que la dignidad humana. Hay mayor intensidad en la pasión del frío, del arrepentimiento, del hambre y de la humedad fétida de un calabozo medieval que en comer sandías.” El holgazán sabe que el precio a pagar es la falta de optimismo y la caída al aparente reino de la vergüenza. Se es cínico en la pereza porque no hay más forma de replica al ideal de los otros. Y la hamaca vuelve aquí como símbolo de bonanza mental y espiritual. Uno conversa con los demás, y con las cosas, los sucesos, los años, los días, las otras voces, desde la tranquilidad de un observador que anota el paso de los hechos en sus disertaciones mentales. Si “la conversación es el índice de la mente” según Séneca, el paraíso de todo conversador es una hamaca, o un sillón mullido o una cama hundida por nuestro peso y forma o la simple estancia en aquella banca del parque donde, siguiendo nuestra inclinación natural, dialogamos con el mundo desde la pereza del cuerpo más no de la mente. El carácter festivo del ocio, su carencia de esfuerzo, legitiman la vita contemplativa.

Y en esta hamaca, desde la cual dictó este texto, recuerdo una clara cosa: para que exista perfección entre la comunidad humana habrán de existir hombres que se entreguen a la vida de la contemplación como natural revés a la euforia de la productividad. Ante todo, está, el divino derecho del hombre a ser él mismo.

3 comentarios:

Malayo dijo...

HOla Rocío, está muy chingón este blog. Leyéndolo, no sé por qué, recordé un verso de esa canción de Tonino Carotone: "E' un mondo dificile, de vita intensa, etc". Saludos desde Malasya.

Raúl Alberto Lilloy dijo...

Hola estoy de acuerdo y sobre el tema escribi una propuesta en
http://carnegieandkafka.blogspot.com/2005/12/pasto-virtual.html

Anónimo dijo...

Oh! versos verdades,
no da igual pero lo mismo ocurre
que el alma descubre su espejo en la vereda. Y luego la noche nos habla con su lengua oscura y nos pregunta que cuando vendras a vernos con los ojos cerradamente abiertos. Poet (A).
Talk to me.
Tonatiuh
Austin, Texas