Celebración palmípeda*



A mi estómago poco le importa la inmortalidad.
Heinrich Heine

El deleite de hervir en cuerpo propio
y desnudar la lengua
A los favores del fogón y sus alientos
Para asistir a la impronta del milagro
Y ser testigo de la divinidad recóndita
Guardada en el ceño de la comisura.

Afinca la gloria en el paladar y el olfato:
Los misterios gnósticos, órficos,
Distan de ser razón y cumplimiento
Tiento acaso de la verdad última por acercarse al paraíso.

Frente a mí los delantales han volado
Lloro de tristeza cual galgo amputado de su orgullo
Por hincarle el diente sin letargo ni andadura
A este pedazo de cielo que se vierte entre mi plato.
Oh corazón fallido el amor no es placer alguno
Sino alcancía vacua y deshuesadero de nostalgias.

Yo me levanto y brindo por el hallazgo
de este Pato a la Frambuesa]
Que Ovidio hubiera muerto y remuerto
de haber probado en ocasión alguna.]


* Poema publicado en Letras Libres y que parece ha abierto el apetito de varios. P.D. El pato del que hablo sí existe, nomás que en la suculenta mesa de un restaurante parisino...

Comentarios

el hambriento dijo…
buen poema, ahora dí la verdad ¿en dónde te comiste este patifus? dicen que en casa de messie de la sierra. haga usted un acto de contricción y no mamonee diciendo que fue en una mesilla parisina...
Pues me recuerda al pato asado con repollo morado (valga la rima) y acompañado por el exquisito puré de manzanas que los alemanes -o los descendientes de colones de alemanes- preparan en mi sureña región, allá lejos, en Chile. Aparte de eso, nunca pude aprender alemán.