9 de junio de 2006

Tomado del diario de viaje (Amsterdam, 03)

La mirada debe dispersarse, debe ir y venir a su antojo pero cuando llegue el “motivo” debe afrontar su responsabilidad de mirar en lo profundo. Mirar sólo a vuelo de pájaro cuando se ha encontrado el motivo-objeto del deseo es causa de ceguera.
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El exceso en el ejercicio de la mirada hace que todo se pierda en la nebulosa de las formas. Para ver –trascender dentro de la obra misma– hay que aprender discreción, mirar a discreción. Como siempre, el exceso, hasta en el mirar, mata.
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Habrá que formar un nuevo registro con los deshechos. El gesto, ese ser breve y violento, nunca es realmente el mismo.
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Nada ha muerto más que el tiempo. Esos segundos que florecieron ya han escapado, como el río. La memoria guarda lo impecable, la fugacidad de la belleza, lo entrañable.

Para aquellos viajeros que deleitan su vida en el recorrido y no en el destino final.

4 comentarios:

KuruPicho dijo...

¿Hongos en Holanda que hacen viajar a la palabra por las neuronas del papel virtual? Las flores en el agua...yes...es de una exactitud geográfica impecable.

Leticia Cortés dijo...

Hola Rocío, te mando un millón de saludos, ya no pudimos seguirla en Guadalajara, te dejo mi site
www.cortesleticia.blogspot.com
un beso!
escribe para saber de ti...

will dijo...

Amsterdam atrapa en sus ires y venires en espiral. Uno va, anda y vuelve de nuevo, maravillado, al mismo sitio de donde empezó. Y perderse en el museo Van Gogh, nada más impresionante que las plastas sobre las capas de paredes y pinceladas de un mundo creado por la maravilla del mundo observado.

Antonio dijo...

no menos que excelentemente poetico...! saludos desde tijuana...