Sobre Kubla Khan de Julián Herbert

Los filósofos dicen que el hombre se forma a sí mismo en el diálogo. Sin embargo, la vida contemporánea se presenta como un gran mosaico o conjunto de nodos dispersos, discursos que se emiten desde la marginalidad, o el centro mismo de la institucionalidad, donde el verdadero diálogo –que siempre parte de nuevos habitares, fuera del cerco de la institución- se hace en las redes de comunicación de unos cuantos. Dentro de estos diálogos, entre el masivo flujo mediático y la desmemoria, hay quienes abren cancha desde agujeros estructurales, espacios particulares dentro de las redes o fugas que mapean las relaciones de fuerza entre el pasado histórico y el mundo actual y crean impasses generadores de cartografías alternas. Diálogo que se hace, entonces, sostenido.

Kubla Khan de Julián Herbert es un libro que traza un mapa con conexiones entre distintos campos. Poemas que pueden ser un graffiti en el muro, una obra de arte, una acción política o una meditación. Escritura de territorio donde la contemporaneidad vertiginosa, el zapping y el desfase se dan la mano con paternidades culturales e históricas de abolengo. Donde la cultura Pop, Turner, el I Ching, Gengis Khan y Marco Polo se reúnen en un festejo lujurioso, etílico y alucinógeno convocados por Herbert. Kubla Khan es una sinfonía de alta densidad en la cual el teatro del mundo es un poema poliéster, un poema de alcohol y vasos vacíos, un poema acopio de programas de Tv y playas radioactivas: un poema de banda ancha creado por fragmentos de información, memoria, referentes culturales, experiencia personal, ironía y riesgo. Riesgo de palpar, ensuciarse, enfebrecerse con la velocidad del hoy parra arrancarle la inmediatez, la finitud y la frivolidad a un Mc ´Donalds o un Discovery Channel y volverlos una experiencia de gramaje sustentable.

Escuchar, tantear y discutir con el aire de los tiempos no es cosa sencilla. La poesía que surge desde la liviandad del mundo contemporáneo suele ser chistorete, ocurrencia conceptual o mero ejercicio verbal. Julián Herbert, con su Kubla Khan, se presenta como un digno equilibrista, sale airoso de los saltos mortales entre el grunge y la tradición. Su poesía está viva, coleando y atizándonos: juega a hacerse el rey de la fiesta con la multiselección de su I Pod poético y sus lectores caen en trance hipnótico y mezcalero. Poemas droga. Y la palabra Xanadu es el ejemplo perfecto, no sólo es el Xanadu de Coleridge o la canción de su ídolo de juventud, Olivia Newton John, es también un sistema de la red, un espacio de acopio. Como lo es también su libro. Acopio de masacres, épocas y geografías. El poema en la órbita del use and trash pero con la solvencia de un autor que encara a la poesía desde su propia esencia. Así el poeta nos coloca ante la experiencia: “Amanezco en el fulgor provisional de un hotel de cinco estrellas: mirilla ojo de buey, pasillos que son buques forrados de madera. Mi alma está en mi tacto articulada como una máquina de vapor. Muero porque no muero con el control remoto en las manos entrelazadas sobre el pecho. La mañana es un baúl; en el último panel yacen los edificios. Camarones y lápidas. Carbón helado, azul. Una invisible camarista maquilla su semblante en el fondo de este gramo de droga luminosa.”
Kubla Khan, se inscribe, indudablemente, entre la mejor poesía escrita de nuestra generación.

Comentarios

Paul Medrano dijo…
Ups! habrá que conseguir el libraco del buen amigo Julián