5 de diciembre de 2005

Nostalgia de Bs As (con discusión de por medio)



Carlos Vicente Castro, creador del internacional birote con chorizo (choripan para los porteños), ha mandado una serie de fotos de Bs As de aquel encuentro antológico "Salida al mar", comandado por Timo Berger, Cristian di Napoli y Cucurto. Aquí una fotito con el negro de oro, Washington Cucurto, la tinterilla de este infame blogg y el siempre alegre y multitonal cantante Hernán Bravo, hecha en las instalaciones de La Cartonería, editorial ya consagrada a niveles cósmicos y psicotrópicos.

Y para regalo de los metiches y chismosos un fragmento de ciertas discusiones en las noches porteñas de este trío.... "Primero, ¿qué significa para mí un “buen libro”? Significa un libro o un poema en el cual exista una voluntad por comunicar, por decir algo contundente y potente, no importando el sujeto o tema en que se encuentre colocada la mirada del autor. Que tenga un discurso, un decir, propios. Que te conmueva, estremezca, que lo odies o lo ames pero que no te deje impávido. Creo que debemos de dejar de hablar de escribir un “buen o mal” libro y hablar de poesía, así, a secas y en firme. A mí tampoco me interesa la “alta literatura” como vos la llamas, si fuera el caso no te publicaría un libro (aunque creo que el Hatu tiene una voz más “adensada” que otros libros tuyos, y esto no es malo ni bueno simplemente así te salió, así andas o andabas por el mundo). Estoy de acuerdo contigo en que tener como únicos referentes a Lezama, Kozer Perlongher et al es una huevada, sobre todo a estas alturas del partido. Pero no creo que el habla poética que surge de la estética del post it, coloquial y barriera sea la única opción para atrapar el aire del tiempo en que vivimos, esto, que es lo que crítico de una gran parte de la poesía argentina contemporánea que me parece homogénea y cercada por sus propios límites autoimpuestos, me parece igual de conservador que seguir escribiendo con tonos y referentes ya trasnochados y demodé (como querer escribir lo que Paz o Perlongher). Lo que importa hoy es tener posturas, aunque vivamos en el “descompromiso, la liviandad, el chiste fácil, el pastelazo”. A mí me interesa la poesía que, saliendo de donde sea (dígase el hoyo funcky, la Consti o el hermetismo de un estudio) te salpique en la cara, te dé un puñetazo de palabras. Provenga de donde provenga. El error o la imperfección son lo único que dará esta generación, y en ello radicará su riqueza. Y su entrada en la literatura. Cada libro, evidentemente, es un nuevo ejercicio de pulsión, pensamiento, tono y vida, con respecto a lo ya escrito. Y creo que eso es lo chingón de cada libro, a mí me interesa más el proceso de la escritura que el libro publicado, es más edificador y vital. Cada quien escribe desde donde puede y con las herramientas que tiene a mano, lo que no significa que no leas a los autores de tu tradición o de otras tradiciones y que en ellos puedas encontrar savia pura, oro molido para tu propia escritura. Y los mates, los destroces y los engullas para luego vomitarlos por innecesarios, o por necesarios ya entendidos y deglutidos. Creo en una poesía de peso pesado, de intensidades y liviandades, puede ser jocosa, irónica, seria, no importa, lo importante es que se te meta en la médula." opinión expresada por R.C.

2 comentarios:

florecita dijo...

bien chida tu opinión, rocío!!!
por mi parte coincido contigo en todo, fundamentalmente en lo que respecta a la pulsión de la escritura y de su creación a partir de los medios con que cada uno cuenta, tanto como con eso de leer la tradición, absorverla y vomitarla (o cagarla). De lo contrario, cuando la paternidad es demasiado notoria, no hay más que reflejos, ecos de una ausencia...

Pedro Montealegre dijo...

Rocío, me llegó tu libro, lo terminé de leer, y coincidentemente leía otras cosas que empezaron a dialogar de inmediato con lo tuyo; leía por un lado a M. Blanchot, que dialoga con Edmond Jabés, y aparte, una poeta sueca que acabo de descubrir, maravillosa, Birgitta Trotzig. En fin,tiene que ver mucho con el "libro ausente", con el "libro que se hace" o como dices tú: con "la invisible conciencia del residir".

Sobre tu opinión del encuentro en B. Aires, planteo algo similar a ti: es necesario el conflicto, porque desde ya plantea un reconocimiento de sediemntos que pretenden extenderse unos sobre otros pero sin negar su existencia. No habría, de acuerdo a esto, invisibilizaciones ventajosas. Entonces, que unos crean que existe sólo un lenguaje políticamente trasgresor, caen en esencialismos tan peligrosos como poco representativos de lo que -probablemente- hay. Una lata extenderse ahora sobre eso, pero eso por ahora.