22 de octubre de 2005

Artemio, artista (o el caos hecho ironía)

Casi quince minutos después de observar el lagrimoso acto de más de una docena de figuras hollywoodenses y otras más del cine mexicano, la sonrisa pasajera salta a la cara. Una mueca de medio vuelo que se vuelve cómplice del provocador discurso narrativo visual del artista. No basta con concentrárse en una imagen, la enumeración de lágrimas, todas ellas falsas, ponen de manifiesto un mundo en que la imagen se ha entronizado como la estética de la reproducción de los afectos que, en muchos de los casos, son materia banal. Darle la vuelta de tuerca a una iconografía que asedia todos los días nuestras pantallas, y hacerlo con humor e ironía, es un oficio artístico no exento de provocación, insinuaciones y simulada decadencia.

A partir de ediciones y montajes visuales, los videos de Artemio, claro artista mexicano de la consigna del reino de lo efímero, la garnacha, el doble sentido y la desacralización de los leiux sacrés, ha creado un universo paralelo que escapa a una imaginería establecida por los cánones del marketing, los éxitos de taquilla y los discursos visuales “correctos y bonitos” para entregar a su legión de fieles y adictos un material lleno de desconexiones aparentes, con una crítica soterrada del mundo contemporáneo en el que vivimos. Así, estos manifiestos visuales ponen el cuchillo sobre una llaga nauseabunda que puede ser llamada guerra, desmemoria histórica, héroes alterados o performers demodé.

Si para Balzac el signo de la maestría artística era captar rápido, en el caso de Artemio esta es una maestría flamígera: señala en sus videos, con ironía, insisto e insistiré, una cartografía del mundo actual que no necesita más recursos que su mirada y su copy and paste-edition, fórmula que agiliza en la mente del espectador un universo de analogías, chistes y memoria afectiva para ponerlo entre la espada y la pared sobre sus propias valoraciones del mundo que lo rodea. Ejemplo, su video ya clásico del monólogo de Marlon Brando en Apocalypse now interpretado por un divino, cursi y antagónico Winnie the Pooh. Instalado dentro de una casita de campaña en la cual era necesario meterse (es decir, adentrarse a un espacio íntimo) para atestiguar la fuerza concentrada en este giro narrativo y visual de Artemio.

La cuestión primordial, parecería decir el artista, es reventar los estereotipos, calcinarlos a punta de humor para erradicarlos de su frivolidad, llevándolos justo al otro lado de la frivolidad misma, un punto profundo donde el artista sujeta a su observador hacia un espacio de reflexión. En otro de sus videos, Mex Attacks!!!!, el clásico cliché del mexicano sombrerudo y con zarape irrumpe en 17 distintos escenarios de ciudades europeas. Un juego de valores polivalentes, en los que el personaje nada a contracorriente. El lenguaje visual del artista hace pedazos los referentes “típicos” para cargarlos con un alto voltaje en la multiplicación de lo real y lo irreal.

Artemio se presenta como uno de los artistas más vigorosos de su generación, creando enfoques visuales con dentadura afilada, excéntricos y cautivantes, que trae a la escena del arte mexicano e internacional una observación inteligente y ácida que sacude las buenas conciencias y remueve las aguas de una fatiga visual que ya estaba empezando a ser un reino de tedio.

Dinamita, eso son los videos de Artemio, dinamita en los ojos.

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