19 de abril de 2006

Poemas para Toda Ocasión, la Agencia del Futuro

Después de una larga plática con messie Lumbreras, mrs. Nepote y María, la griega (rociada -como diría don Castillo Pesado- por bebidas chelísticas y tequilas ponedores), he decidido colocar algunos avisos en las secciones de los periódicos El Reforma, El Universal y el Segunda Mano (aparecerán el domingo 7 de mayo, digo para celebrar, unos días después del 1 de mayo, el derecho laboral de los poetas) para anunciar nuestra agencia de POEMAS PARA TODA OCASIÓN. Para la boda, el bautizo, el arrejunte después de que te cacharon con otra, para quedar bien con la esposa del jefe, para el sepelio de tu tío, para enamorar a la chiquitita de la panadería, para enamorar a esa chica dura del bar, para el brazos de oro que nomás no te pela, etcétera. Poemas para toda ocasión a precios accesibles (se aceptan pagos en especie). Nuestro pool de poetas está en crecimiento. Si estás interesado en participar nomás escríbenos a poemas_baras@yahoo.com.mx.

Aquí publicamos nuestra primera orden de trabajo: un poema para una óptica que apenas abrirá sus puertas y querían un poema para el final de su acto de inauguración. ¿La paga? Unos lentes DKNY con la graduación adecuada del poeta (que no se había dado cuenta que es medio cegatón) con harto estilo, garbo y caché.


I love my sunglasses at night

Nadie mira sin lentes. Sólo que éstos son los de la realidad profunda.
Sir Wally O´Donovan


Nadie mira lo que hay detrás, es un fantoche con cara de bestia

o será una bestia que arde de ganas por pasar como hombre?

Nadie dice, todos abren zanja, calla la mancha de bocas,

(la muchedumbre nunca tiene mucho que decir, sólo asiente)

Y él, hombre-rufián o latin lover de poca monta

Pasea su palpito, su andar brillante, su misterio cáustico

Y desenvuelve el paquete de cigarrillos –gacela, gacela trae a tierra a un Dios piadoso-.

Para, para, hombre o demonio. No veo tus ojos, tu transfiguración reinante.

Es un secreto o un alfil o una estatua fría de Creonte. Es una nariz y una boca, un silbido

De clavo y martillo milenarios. Es un rostro de mirada ausente. Es un ausente.

Plástico, Carey, Acero -filigrana de tiempo- Vidrio, Opacidad

-vértigo que convoca al Artillero-.


Nunca será nadie sin sus lentes.

17 de abril de 2006

Quelques fleurs-Houbigant Paris

Los rastros. Primero somos lo que dejamos, la estela de nuestro olor, la irradiación de nuestro personaje en tránsito. Ya Miguel Hernández decía que “El sudor es un árbol desbordante y salado,/ un voraz oleaje.”, una onda de resonancia que nos perpetúa en la memoria olfática y emocional del otro. Transpiramos para regular el calor del cuerpo, cinco millones de glándulas sudoríparas, junto con la pigmentación de la piel y la alimentación, generan el sello particular de nuestro olor personal. Y esto, junto al perfume que usamos, son una declaración de vida y estancia. Las axilas son, junto con manos y pies, el centro del goce o la desgracia. Me explico, un olor carnal, intenso, de índole sanguíneo —pesadez y etérea presencia conjugadas— traerá consigo una ansia orgánica, un deseo por estar ceca de tan sugerente olor. Por otro lado, los olores nauseabundos, fétidos o la falta de un perfume corporal con personalidad darán como resultado la apatía de los otros. Las coordenadas de la atracción yacen en los ojos y la nariz en principio. Así como los senos de una mujer o las manos de un hombre pueden ser el detonante del arrejuntamiento amoroso, los humores despedidos por el/la de enfrente suben —imperiosos— por las fosas nasales para desbordarnos el estímulo sexual. Olor es destino.