31 de marzo de 2006

Sublingual

¿Qué hay debajo de la lengua?

¿Un triturar de huestes vocálicas,
un cierzo de agudas consonantes,
un despojo de viento áureo,
quizá el mustio huso de la letra?

Aquí entre toneles de saliva y tiento
se guarda el vocablo,
la gramática de tu rojo nombre,
y se incendia –sí, se incendia–
la simetría del giro:

debajo de la lengua hay un presidio.


Sublingual
by Rocío Cerón

What lies beneath the tongue?

A crush of vocalic hordes,
a tempest of sharp consonants,
a shred of golden wind,
perhaps the word’s duplicitous spindle?

Here between barrels of spit and contact
letters are kept,
the grammar of your red name,
and set on fire –yes, set on fire--
a revolving symmetry:

beneath the tongue lies a garrison.


Traducción de Tanya Huntington

27 de marzo de 2006

The Bowery Poetry Club
308 Bowery and Bleecker, NY
(F train to Second Avenue / 6 train to Bleecker)
212- 614 05 05

Saturday, April 1 2006
4:00pm - 6:00pm

Segue Reading Series
ROCIO CERON and CARLA FAESLER (MOTIN POETA) and LILA ZEMBORAIN

Rocío Cerón is author of four books of poetry published in Mexico City—Estas manos, Litoral, Basalto, and, most recently, Apuntes para sobrevivir al aire—and of Soma, published in Buenos Aires. She is editor of Ediciones El billar de Lucrecia, devoted to new poetry from Latin America. Carla Faesler is author of the poetry books No tú sino la piedra and Anábasis maqueta. Cerón and Faesler are founding members of the Mexico City-based poetry collective Motín Poeta. Lila Zemborain is author of four books of poetry, Ábrete sésamo debajo del agua, Usted, Guardianes del secreto, and most recently Malvas orquídeas del mar, published in Argentina. She directs and edits the chapbook & reading series Rebel Road, and directs the poetry reading series at NYU’s King Juan Carlos I Center.

$6

22 de marzo de 2006

Lucian Freud. Carnes, carne, carnes

En una época como la actual en que las tendencias estéticas consideran sólo como novedosas y propositivas las artes no objetuales y el performance es, para un público cada vez más desilusionado y harto de lo pretenciosamente “conceptual”, un hallazgo y un deleite volver la vista a las llamadas artes tradicionales (pintura, gráfica, escultura). En tal tenor se inscribe la obra de uno de los más importantes artistas del orbe: Lucian Freud (Berlín, 1922). Nieto de Sigmund Freud, salió con su familia en 1933, después de que el nazismo se apoderara de Alemania, para establecerse en Inglaterra.

En contacto siempre con la ciudad y las personas (éstos han sido su eje iconográfico desde siempre) su pintura nos regresa la sensación de ser individuos y no meras cifras, su fuerza plástica radica en la capacidad de penetrar en el otro. Freud hace que las personas y las cosas aparezcan más como sí mismas, más en su esencia de lo que han sido o serán. Es como si el pintor asimilará, a partir de un largo escrutinio de horas y a veces hasta de años, la vida de la persona hasta plasmarla: Freud es una vasija receptiva y sensible a la vida interna oculta de aquel o aquella que mira, captura las minucias y los recovecos del ser y los recrea en el lienzo, los hace carne y alma. La revelación se nos muestra en sorprendentes y vigorosas formas figurativas, sus desnudos, en su mayoría retratos extendidos, muestran figuras completas compuestas por partes (casi autónomas, adjetívales) que nos dan una esencia integral del retratado. La mayoría de sus pinturas presentan al modelo en incómodas posiciones que, bajo la estilética mirada del autor (despiadada y clínicamente aguda), sucumben a un registro visual donde cada poro, cada curva, protuberancia o irregularidad de la piel queda plasmada. En los trazos y las gruesas pinceladas de Freud se esconde el gesto de los años y la memoria de la carne.

La realidad, cruda, exaltada, de las imágenes en la pintura de Freud trae consigo un sentimiento de melancolía y desolación, enfatizado por los matices grisáceos, olivos que les da a ciertas pieles. Cómplices para crear la atmósfera y personalidad del modelo, la presencia de sillones y muebles raídos, paredes descarapeladas, cortinas que no dejan pasar la luz y, finalmente, escenarios cerrados detrás de las figuras (que, en realidad, es su propio estudio) hacen que éstos aparezcan como si estuvieran en su mundo privado. Freud crea composiciones donde las espesas capas de pintura dan un efecto reminiscente de materia casi viva, tangible, ello desconcierta a muchos de sus espectadores ya que parecería que, en cada cuadro, se tiene la oportunidad de acceder a un acto vouyerista, como si se fuera un intruso en la vida intima de los otros. Sobre ello Freud ha dicho que esta sensación de incomodidad o vergüenza ante la evidencia de sus desnudos es su aliada ya que la pintura debe sacudir y provocar al espectador y, a partir de ello, se inicia el diálogo, el involucramiento entre la obra y la mirada del espectador.

Lo más sorprendente de la obra de Lucian Freud es su conocimiento y su pasión por la carne, por los volúmenes (untuosos, cargados de erotismo, a veces monumentales), por los pliegues, por el deseo (baste ver su obsesión por los genitales, muchos de sus modelos yacen con las piernas abiertas) donde comprobamos que no sólo la mente hace memoria, la hace también el cuerpo. A partir del manejo de la luz, el espectador se percatará de cómo las presencias de Lucian Freud habitan la intensidad de ser miradas, porque mirar implica penetrar en el lienzo y ser testigos de la desnudez, de la desolación contemporánea y, al mismo tiempo, de la solidez de unos personajes que hablan a través del poderoso silencio de sus cuerpos. Cada línea, cada capa de piel es una historia que Freud nos cuenta. Él, por medio de su lenguaje plástico, empuja a las personas a conocerse (reconocerse) para entonces convertirse en sí mismas. Si la desnudez aclara y pone la luz sobre los sentidos (y éstos, a su vez, son vías de revelación y discernimiento) la obra de Freud es una manifestación espejo en donde, los cuerpos ajenos, son una representación de nuestra propia esencia humana. La piel se presenta entonces como lienzo, como una geografía multiemocional, multirracial.

12 de marzo de 2006

7 de marzo de 2006

Nueva York, sin ansia

Juntáis el culto de Hércules al culto de Mamón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.

A Roosevelt, Rubén Darío


Cada ciudad es un invento de lo que los hombres quieren ser. Entre las construcciones, los parques, las plazas públicas, los monumentos históricos, una comunidad de pobladores dicta (clama) un manifiesto de pertenencia y de forma de habitar. Si “La historia es hija de la mayor violencia, la violencia definitiva que el hombre puede haber cometido” y si “el hombre es polvo y ceniza, pero estas cenizas tienen sentido.” según afirma María Zambrano, Nueva York es la panacea de los deseos de sus habitantes. Es la encarnación de una historia violentada por el deseo de supremacía, del apetito por crear una ciudad que se dibujara como espejo del mundo, donde cada uno de sus integrantes aportó a la cosmópolis una visión traída desde afuera pero que, en su reunión polifónica de voces y vivencias, generó una nueva forma de asirse al mundo.

Construida en una mínima porción de tierra, Manhattan —símbolo de la grandiosidad norteamericana y el derroche de la vanguardia y el glamour— fue en el siglo XX la capital de los sueños y las ilusiones. Sus altos edificios, su verticalidad envertigada, aspiran a rozar los cielos, clara manera de un alter ego que quiere devenir divinidad. Fraguada por las diferencias de los inmigrantes, el arte que emergió desde la urbe es considerado como uno de los paradigmas de la vida moderna. ¿Qué queda hoy de ello?

La libertad, ese bien que abanderaba a la ciudad de Manhattan y a Nueva York, es hoy un bien cercado. Las comunidades latinas, italianas, negras, etcétera, se emplazan cada vez en territorios marcados, en donde pueden cobijar sus tradiciones. La tolerancia de lo políticamente correcto es falsa. Las diferencias han ido, cada vez más, y de manera definitiva desde el 9/11, formando cercas infranqueables. Los habitantes de NY cohabitan en los espacios públicos, en las tiendas departamentales, en el servicio, pero al salir de ellos se refugian en sus pequeños ghettos. La tolerancia es ahora un adjetivo. En la literatura, por ejemplo, todo está debidamente etiquetado: afroamerican literature, latin literature, female literature, y más. Etiquetar es ahora sinónimo de libertad, de convivencia civilizada. La estatura de la libertad es una parodia, un viejo monumento al american dream.

Las viejas librerías, donde se reunían escritores, músicos, artistas visuales, a reordenar la visión del mundo, es una nota memoratísima. Casi todas han cerrado sus puertas. La poesía, se ejerce en clubes que abren y cierran sus puertas, por cuestiones de orden monetario, donde la spoken world poetry y el slam poético han ensanchado su reino (estos movimientos, en realidad, vieron su nacimiento en San Francisco). The Bowery Poetry Club, en las calles de Bowery y Blecker, es uno de los pocos sitios abiertos a todo tipo de poesía, las lecturas bilingües son su mayor aportación. Las pocas librerías fuera de las más comerciales como Barnes & Noble son apenas un puñado. Una de ellas, la Sarah Mc Nally, en la calle Prince del barrio de SoHo, es una pequeña librería (con mullidos sillones para poder leer) dedicada a la literatura y con un gran espacio de poesía. Su dueña, canadiense, ha traído a Manhattan este pequeño oasis ya que sus otras librerías se encuentran en Canadá. Strand Bookstore, se cuece aparte, instalada en un edificio, tiene varios pisos de literatura y es muy probable que cuente con la mejor sección de poesía de la ciudad. Los poetas de esta ciudad, los más jóvenes, se encuentran en diversos bares del barrio de Alphabet city o en sitios fuera de Manhattan como Queens o Brooklyn. A diferencia de los grandes movimientos como el dadaísmo o el surrealismo, los artistas y poetas contemporáneos no forman ni movimientos o grupos, su visibilidad es marginal, su presencia, individual. Quizá esto es resultado a la gran exaltación que existe en los Estados Unidos (y en gran parte del mundo) por el culto a la personalidad.

Escritores y creadores en general han visto a Manhattan y a Nueva York como la cima de la sofisticación y la vanguardia, como la gran ciudad desde la cual su “sueño creativo” podría hacerse realidad. La realidad actual es que, desde países marginales (según la visión occidental) como la India, México, Brasil o los países del Este en Europa, se están generando los discursos artísticos, poéticos y literarios más creativos y potentes. En Nueva York todo es tan pretendidamente sofisticado que han caído en la frivolidad, en la exaltación de las apariencias denostando la sustancia: el arte se ha vuelto ornamental, símbolo de estatus (lo importante es si eres parte del patronato del museo no si vas a ver la exposición, para enterarse están las páginas de Internet de los museos). Hay entre tanta originalidad expuesta una mirada chata y estrecha. Y, sin embargo, la ciudad, como gran manifiesto de sus pobladores, supera todo esto. Las lecturas en las tardes apacibles de un otoño en el Gramercy Park. La vista de los jardines nevados desde los ventanales del Metropolitan Museum. Los festivales de teatro en verano en el Central Park (Shakespeare revive con el sol). Las largas caminatas por el China Town (las trastiendas son y serán siempre el gran misterio de Manhattan). El placer de encontrar casi cualquier libro y quedarse por horas leyendo en la NY Library... La ciudad se ha erigido más allá de sus actuales pobladores. Y, esas cenizas con sentido de las que hablaba Zambrano, han quedado para perdurar un sueño que, aunque diluido, pervive entre sus muros. Una suerte queda de todo ello: Siempre quedará el Nueva York de nuestra memoria.

5 de marzo de 2006

Una cita de Pierre Proudhon dadas las circunstancias de estos tiempos electorales*

"Ser gobernado significa ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado por seres que no tienen ni título, ni ciencia, ni virtud.Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, en cada transacción, ser anotado, registrado, censado, tarifado, timbrado, tallado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado y detenido.Es, bajo el pretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, ser expuesto a contribución, ejercido, desollado, explotado, monopolizado, depredado, mistificado, robado; luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado, desarmado, agarrotao, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado y para colmo, burlado, ridiculizado, ultrajado y deshonrado.¡He aquí el gobierno, he aquí su moralidad, he aquí su justicia!"

* Cita pirateada del blog del buen politólogo, amigo y un poco radical chic Alejandro Hope quien desteje la política nacional y da muy buenas recomendaciones de cómo evitar que AMLO llegue a la presidencia (¿quién, entonces, llegará????) http://mexicolibertad.blogspot.com