31 de diciembre de 2005

05/06

Una de las virtudes de los días finales de cada año es que traen consigo esas horas laxas y pardas donde el frío y el silencio urbano lo empujan a uno a caer irremediablemente en las páginas del o los libros abandonados semanas atrás, antes de que se sucedieran todas las festividades decembrinas. Dos libros han sido en estos días mi refugio, Plainwater de Anne Carson y Aforismos de Zürau de Franz Kafka (en estupenda traducción de Roberto Calasso y una notable edición de los chicos de Sexto Piso). Lecturas de las cuales comparto algunos fragmentillos, a la salud de este 06 que está por iniciar.

Las fotografías verbales que hace Carson en su An essay on the road to Compostela (cuerpo central de The Anthropology of Water) conforman una serie de apuntes, a manera de diario, en donde las formas del agua, los ríos o la lluvia, son también una vía para encontrar el sentido esencial de lo que significa el transcurso del peregrinaje interior. Como en los viajes, el agua transcurre, recorre, insiste, se desdibuja. Trasciende sólo en su sentido de variabilidad, porque su verdadera naturaleza es estar en permanente estado de transición, de movimiento.

Kinds of water drown us. Kinds of water do not. My water jar splashes companiably on my back as I walk. A pool of thoughts tilts this way and that in me. Sokrates, after bathing, came back to his cell unhurriedly and drank the hemlock. The others wept. Swans swam in around him. And he began to talk about the coming journey, to an unknown place far from their tears, wich he did not understand. People really understand very little of one another. […]

De los aforismos kafkianos no vale decir nada, sólo guardar silencio humildemente y tratar de hacerlos palabra viva, encarnada en acto… en este 06 y en el 07,08,09, etc, etc,etc.

Dos tareas para iniciar la vida: limitar tu círculo cada vez más y comprobar una y otra vez si no te has escondido en algún lugar fuera de tu círculo.

*
Una fe como una guillotina, así de pesada, así de ligera.

29 de diciembre de 2005

A contracorriente *

Gran parte de mis amigos están en contra del matrimonio. No creen en él seguramente porque algunos provenimos de estructuras familiares disfuncionales donde papá se ha ido con una chica más joven o mamá es una adicta al lexotan y al vodka. O de menos los dos se tiraron tantos platos encima que acabaron con la vajilla completa, herencia de la tía Águeda. Donde las familias están desarticuladas o, por decir lo menos, guardan misteriosos “secretos” sobre el paradero del abuelo que se fue con la fortuna familiar. Sin embargo, y a pesar de todas mis negativas de juventud de celebrar una boda religiosa vestida de blanco, con velo y ramo incluidos, he encontrado que el suceso matrimonial trae consigo un cierto “gozo lírico interior” donde la celebración del amor compartido es una zona franca de deleite así como de autoconocimiento y control de las más bajas pasiones. Uno se encuentra con la templanza como mejor vía para la vida en pareja. Y, si ya en el Cantar de los cantares, se hablaba de los contenidos eróticos y amorosos de una pareja, es en ese mismo canto donde la esposa toma su lugar como entidad primordial. Julia Kristeva lo dice así “La Sulamita… sin ser reina, es soberana por su amor y el discurso que la constituye. Sin patetismo y sin tragedia. Límpida, intensa, dividida, rápida, recta, doliente, esperanzada, la esposa -una mujer- es el primer individuo ordinario que, por su amor, se constituye en el primer Sujeto en el sentido moderno del término." El rito y su ser simbólico son un nudo afectivo entre la pareja que yo valoro en su dimensión de fe concretada en acto. En estos días de descreimiento, falta de fe y frivolización del amor, creo que casarse por la iglesia es un acto vanguardista, a contracorriente de las modas superfluas de no comprometerse con nada ni con nadie. Y, también sé que todo es móvil y que quizá en un par de meses, años (o nunca) podría llegar la disolución de mis afectos o del Otro hacia mi persona. Como alguna vez me dijo Fadanelli, amigo escritor, “Si el matrimonio es divertido recuerda que el divorcio lo puede ser más…”. Mi apuesta hoy es por el matrimonio (aunque a algunos les parezca extrañísimo). El tiempo será testigo.

* En la foto, tomada en los jardines de la hermosísima iglesia de San Pedro, en Lima, Perú, de izq. a der.:Paul Guillén y su novia, Ehitel, mi marido, quien esto suscribe, León P. Ñol, Greta, José Carlos Yrigoyen, Ernesto Lumbreras, Roxana Crisólogo, Teibo, Arturo Higa Taira, Rocío Silva Santiesteban, Arturo Corcuera y Juan Carlos.

12 de diciembre de 2005

Post it de Lima, Perú*

O casa asida al mar o tierra que niega su enamoramiento por las aguas. La tierra mira desde la altura a su amante, el mar le besa los bajos, las ancas, pies apenas descubiertos, apenas perceptibles. Y masca un hombre una cierta mosca que se albergaba en el costado de la herrumbre. Y cada olivo marcha en desconsuelo sereno sobre el jardín de los adictos, de los viajeros “hacia dentro”. Y este maldito viento que trae noticias del llanto. Me han mentido. O me han dicho que el sol daría en mi espalda y yo no he sabido olerlo, tocarle los testículos solares. Y es ese errar, errancia de pena pura, que me une a los habitantes de esta borrasca. ¿O será su canto antiguo, desprotegido, de hijo impropio lo que me sabe a miel? Lima me une a sí por la quijada. Este bozal pasado por fuego, martillado al son de alaridos y lamentos, es a mi boca agua fresca, jugos salivales del más amado: felicidad, enmedio de la pústula, donde descansa mi fe.

*Para Paul Guillén, poeta peruano, amigo y amante del heavy metal quien me mostró que "...alguna vez creímos ver/ realmente vemos las siluetas del embrión/ que se acordaja en la arena/ realmente vemos con todos los sentidos/ lo que alguien quiere decir/ y cuando desde el pino falaz, durante el verano,/ las gotas caen sobre el prado/ recordamos las hojas enteras que arden con los años/ la tierra, el centeno, los mares..." (Guillén dixit).

5 de diciembre de 2005

Nostalgia de Bs As (con discusión de por medio)



Carlos Vicente Castro, creador del internacional birote con chorizo (choripan para los porteños), ha mandado una serie de fotos de Bs As de aquel encuentro antológico "Salida al mar", comandado por Timo Berger, Cristian di Napoli y Cucurto. Aquí una fotito con el negro de oro, Washington Cucurto, la tinterilla de este infame blogg y el siempre alegre y multitonal cantante Hernán Bravo, hecha en las instalaciones de La Cartonería, editorial ya consagrada a niveles cósmicos y psicotrópicos.

Y para regalo de los metiches y chismosos un fragmento de ciertas discusiones en las noches porteñas de este trío.... "Primero, ¿qué significa para mí un “buen libro”? Significa un libro o un poema en el cual exista una voluntad por comunicar, por decir algo contundente y potente, no importando el sujeto o tema en que se encuentre colocada la mirada del autor. Que tenga un discurso, un decir, propios. Que te conmueva, estremezca, que lo odies o lo ames pero que no te deje impávido. Creo que debemos de dejar de hablar de escribir un “buen o mal” libro y hablar de poesía, así, a secas y en firme. A mí tampoco me interesa la “alta literatura” como vos la llamas, si fuera el caso no te publicaría un libro (aunque creo que el Hatu tiene una voz más “adensada” que otros libros tuyos, y esto no es malo ni bueno simplemente así te salió, así andas o andabas por el mundo). Estoy de acuerdo contigo en que tener como únicos referentes a Lezama, Kozer Perlongher et al es una huevada, sobre todo a estas alturas del partido. Pero no creo que el habla poética que surge de la estética del post it, coloquial y barriera sea la única opción para atrapar el aire del tiempo en que vivimos, esto, que es lo que crítico de una gran parte de la poesía argentina contemporánea que me parece homogénea y cercada por sus propios límites autoimpuestos, me parece igual de conservador que seguir escribiendo con tonos y referentes ya trasnochados y demodé (como querer escribir lo que Paz o Perlongher). Lo que importa hoy es tener posturas, aunque vivamos en el “descompromiso, la liviandad, el chiste fácil, el pastelazo”. A mí me interesa la poesía que, saliendo de donde sea (dígase el hoyo funcky, la Consti o el hermetismo de un estudio) te salpique en la cara, te dé un puñetazo de palabras. Provenga de donde provenga. El error o la imperfección son lo único que dará esta generación, y en ello radicará su riqueza. Y su entrada en la literatura. Cada libro, evidentemente, es un nuevo ejercicio de pulsión, pensamiento, tono y vida, con respecto a lo ya escrito. Y creo que eso es lo chingón de cada libro, a mí me interesa más el proceso de la escritura que el libro publicado, es más edificador y vital. Cada quien escribe desde donde puede y con las herramientas que tiene a mano, lo que no significa que no leas a los autores de tu tradición o de otras tradiciones y que en ellos puedas encontrar savia pura, oro molido para tu propia escritura. Y los mates, los destroces y los engullas para luego vomitarlos por innecesarios, o por necesarios ya entendidos y deglutidos. Creo en una poesía de peso pesado, de intensidades y liviandades, puede ser jocosa, irónica, seria, no importa, lo importante es que se te meta en la médula." opinión expresada por R.C.